Animación Vocacional

by sanfranciscosolano, junio 20, 2018

Contacto:

Fray Antonio Saldaña Delgado, OFM

Celular: 999-482-603

Facebook: https://www.facebook.com/antonio.saldanadelgado

 

Etapas de la Formación

Formarse completamente en la forma de vida franciscana es un proceso de múltiples pasos, ¡que dura toda la vida!  El compromiso con esta formación en todas las fases de la vida exige y fortalece nuestra identidad cristiana y religiosa como frailes franciscanos.

Postulantado

La etapa inicial de la formación franciscana se llama postulantado.  La palabra viene del latín, postulare, lo que significa «considerar».  Un aspirante «considera» la vida franciscana durante nuestro programa residencial de nueve meses de preparación para la aceptación formal en la Orden.  Nuestro programa de postulantado ofrece una orientación intensa a la vida franciscana y la oración de la comunidad, así como a las oportunidades para el ministerio.  Durante este tiempo, los postulantes cuentan con recursos para ayudarlos a desarrollar las cualidades psicológicas y emocionales necesarias para la vida religiosa y el ministerio.

Noviciado

La segunda etapa de la formación franciscana se llama noviciado.  El noviciado es un período residencial de un año en el que un novicio (que significa «principiante») discierne su vocación a la vida religiosa. Él trabaja en la profundización de su relación con Dios y desarrolla su identidad franciscana estudiando nuestra Regla y las Constituciones Generales, así como los votos de pobreza, castidad y obediencia.  Como miembro formal de la Orden, el novicio recibe la prenda distintiva franciscana, o hábito de la Orden, que consiste en una túnica marrón con una capucha, y un cordón blanco que sirve como un cinturón. Normalmente, el cordón tiene tres nudos, simbolizando cada uno de nuestros votos religiosos: pobreza, castidad y obediencia. Pero como el novicio aún no ha hecho esa promesa, el cordón no tiene ningún nudo.

Post-Noviciado o Profesión Temporal

Al completar con éxito el año de probación, los novicios profesando los votos de sin propio (pobreza), castidad y obediencia por el período de un año. Este gesto se simboliza haciendo los tres nudos en el cordón. Estos votos son renovados anualmente, preparándose el fraile para hacer su profesión solemne (para toda la vida). Esta fase se llama profesión temporal. Este período tiene un mínimo de durabilidad de tres hasta un máximo de nueve años, en los que el candidato fortalece y potencia su vocación en la vida consagrada de la Orden de Frailes Menores.

Durante el período de post-noviciado o profesión temporal, los frailes continúan su preparación, ya sea ministerial o profesional, y son educados de acuerdo a las necesidades de la Iglesia, la Orden y la Provincia; potenciando sus dones y cultivando los valores de la vocación franciscana bajo la guía de los acompañante o formadores. Muchos hermanos, según sus capacidades, junto a los estudios eclesiásticos también recibirán formación técnica o laboral en campos como la enfermería, el trabajo social o educativo, y otros, en una institución apropiada.

Profesión Solemne

Al término del post-noviciado (3 a 9 años), un fraile profeso temporal, con la aprobación de sus directores y la comunidad local, pide al Ministro provincial ser admitido para los votos solemnes.  Si es aceptado, profesa públicamente los votos de pobreza, castidad y obediencia para el «resto de mi vida».  Esto marca el comienzo de la pertenencia como miembro de pleno derecho y toda la vida en la Orden de Frailes Menores.  Los frailes llamados al ministerio ordenado deben primero ser profesos perpetuos.

Formación Permanente

La formación como fraile franciscano es un proceso de toda la vida.  El período de formación que sigue a los votos solemnes, un camino de toda la vida llamado «formación permanente», es quizás el período más importante de la vida de un fraile. Viviendo el compromiso que han hecho de manera consciente y responsable a través de la formación permanente, los profesos perpetuos nutren el suelo para los futuros frailes y se esfuerzan en dar un buen ejemplo abrazando totalmente y cada vez más de la vida evangélica.  Los retiros provinciales, los encuentros fraternales, los años sabáticos, y los estudios superiores son parte de la formación permanente.  Lo más importante, esta formación ocurre en el contexto de la vida del día a día en la comunidad y el ministerio donde uno está siempre aprendiendo y siempre siendo llamado y formado para una relación cada vez más profunda con Dios.